David & Esthela | Una historia que vimos crecer
Hay bodas que recordamos por el lugar, por la celebración o por alguna imagen en particular. Y hay otras que permanecen en la memoria porque quienes están frente a la cámara forman también parte de nuestra propia historia.
La boda de David y Esthela pertenece a esas últimas.
David, un amigo muy cercano ya habíamos tenido la oportunidad de conocer su relación con Esthela prácticamente desde sus comienzos. Por eso llegar al día de su boda con una cámara entre las manos produjo una sensación difícil de explicar: estábamos allí para trabajar, pero también para acompañar a personas cuya historia habíamos visto crecer.
David & Esthela
Cuando fotografiamos a personas cercanas cambia inevitablemente nuestra manera de mirar.
Conocemos algunos de sus gestos, reconocemos a la familia y a los amigos, entendemos mejor ciertas miradas y sabemos que detrás de aquello que estamos registrando existen muchas historias que comenzaron mucho antes de la boda.
Aquel día encontramos amor por todos lados, mucha alegría y la emoción particular de ver a una pareja llegar a un momento que durante mucho tiempo había pertenecido al futuro y que finalmente estaba sucediendo frente a nosotros.
La historia en movimiento
La película conserva algo que las fotografías no pueden guardar por sí solas: el movimiento, las voces, las expresiones que aparecen apenas durante unos segundos y la manera en que una celebración se transforma conforme avanza el día.
La boda en fotografías
Las fotografías cuentan la misma historia desde otro lugar. Detienen algunos instantes para permitirnos observarlos con calma: preparativos, miradas, retratos, encuentros y pequeños detalles que durante una boda suelen suceder demasiado rápido.
Estar detrás de la cámara y también dentro de la historia
Normalmente nuestro trabajo consiste en observar una historia desde cierta distancia. Buscamos anticiparnos a los momentos, entender lo que sucede y conservarlo sin interferir demasiado.
Pero cuando se casa un amigo cercano esa distancia prácticamente desaparece.
Mientras hacemos fotografías también recordamos conversaciones, etapas anteriores y aquellos momentos en los que la relación apenas comenzaba. Sabemos que no estamos viendo únicamente una boda: estamos presenciando un capítulo importante de una historia que conocemos desde mucho antes.
Muchos años después
Cuando volvemos a estas imágenes después de tanto tiempo, el valor del trabajo cambia.
Ya no vemos solamente cómo lucían David y Esthela aquel día. También encontramos a los amigos que los acompañaron, a sus familias, las expresiones de quienes estaban alrededor y una pequeña parte de cómo era nuestra propia vida en ese momento.
Quizá por eso fotografiar la boda de un amigo produce una sensación tan difícil de describir. Uno intenta hacer su trabajo como siempre, pero sabe que algunas de aquellas fotografías terminarán perteneciendo también a sus propios recuerdos.
David y Esthela nos permitieron estar allí desde un lugar privilegiado: detrás de la cámara, sí, pero también muy cerca de su historia.
